OSO POLAR
Aunque ha sobrevivido a una época de caza descontrolada, se calcula una reducción de la población del oso polar de más del 30 % en las próximas tres generaciones (45 años) debido a la disminución de su área de ocupación y la calidad del hábitat.
Al depender casi en su totalidad del medio marino helado, los cambios a gran escala que repercuten sobre su hábitat lo hacen también sobre sus poblaciones (Derocher et al. 2004); un ejemplo es el cambio climático.
Los últimos modelos que calculan la tendencia de la extensión de hielo, su grosor y cobertura predicen reducciones espectaculares en los próximos 50 a 100 años (Hassol 2004); esto no es ninguna sorpresa porque ya se ha visto que el hielo marino ha disminuido considerablemente durante el último medio siglo. Con respecto al hielo que queda, también se reducirá su calidad, también aportando un efecto negativo sobre la población (Derocher et al. 2004).
Esto no sería tan importante, pero se ha visto que mientras otras especies de osos han demostrado su capacidad de adaptación a los cambios en su entorno, el oso polar está altamente especializado en el medio marino del ártico. Los osos polares además tienen bajas tasas de reproducción, lo que ralentiza la recuperación de las poblaciones y hace que la hipótesis de que podrían adaptarse a la significativa reducción de hielo sea poco probable.
Por lo tanto, debido a su largo tiempo de generación actual, y al rápido calentamiento global, parede poco probable que sea capaz de adaptarse. Si continúan las tendencias, este oso puede llegar a desaparecer de la mayor parte de su área en tan solo 100 años según la IUCN.
Otros factores que afectan a la especie incluyen los contaminantes tóxicos, el transporte marítimo, la búsqueda de petróleo y gas y el desarrollo.
Actualmente se cree que hay 19 subpoblaciones, y que el número total es de 20.000 a 25.000 ejemplares. Las poblaciones no están aisladas y las diferencias genéticas entre ellas son pequeñas.
CARACTERÍSTICAS
Los osos polares son animales muy robustos: un macho puede pesar hasta 800 kg, aunque el peso medio de las hembras es de 250 kg, y el de los machos de 350 kg. Su longitud va de 1,85 a 3 m., y su pelaje es blanco.
Tiene un cuerpo más alargado y estilizado que el resto de los osos debido a sus costumbres acuáticas pero, al igual que las otras especies, su marcha es plantígrada, y en las zarpas tienen cinco garras afiladas y curvadas que utilizan para agarrarse al hielo y atrapar a sus presas.
Estos osos están bien adaptados a su entorno frío: las plantas de sus pies tienen largos pelos que les proporcionan protección al frío, y las patas delanteras tiene pies muy anchos forradas de un pelaje más duro y rígidos para utilizarlas como remos al nadar.
Los osos polares se alimentan de frutos, plantas, mejillones y algas marinas, pero sus presas favoritas son las focas, aunque de vez en cuando capturan morsas.
La época de reproducción se da entre marzo y mayo, aunque la implantación del óvulo se retrasa hasta otoño (implantación diferida), y el nacimiento es por lo general desde finales de noviembre a mediados de enero. Durante el tiempo que permanecen en las oseras (madrigueras) las hembras obtienen la energía con sus depósitos de grasa sin salir mucho, aunque no hibernan realmente. El resto de osos siguen activos durante el invierno.
Suelen tener de una a dos crías, y estas dependen de la madre hasta el comienzo de su tercer año de vida. Además, las hembras suelen reproducirse por primera vez a los cinco o seis años las hembras. Todos estos factores influyen en el bajo potencial reproductivo de la especie.
Los osos polares son animales muy robustos: un macho puede pesar hasta 800 kg, aunque el peso medio de las hembras es de 250 kg, y el de los machos de 350 kg. Su longitud va de 1,85 a 3 m., y su pelaje es blanco.
Tiene un cuerpo más alargado y estilizado que el resto de los osos debido a sus costumbres acuáticas pero, al igual que las otras especies, su marcha es plantígrada, y en las zarpas tienen cinco garras afiladas y curvadas que utilizan para agarrarse al hielo y atrapar a sus presas.
Estos osos están bien adaptados a su entorno frío: las plantas de sus pies tienen largos pelos que les proporcionan protección al frío, y las patas delanteras tiene pies muy anchos forradas de un pelaje más duro y rígidos para utilizarlas como remos al nadar.
Los osos polares se alimentan de frutos, plantas, mejillones y algas marinas, pero sus presas favoritas son las focas, aunque de vez en cuando capturan morsas.
La época de reproducción se da entre marzo y mayo, aunque la implantación del óvulo se retrasa hasta otoño (implantación diferida), y el nacimiento es por lo general desde finales de noviembre a mediados de enero. Durante el tiempo que permanecen en las oseras (madrigueras) las hembras obtienen la energía con sus depósitos de grasa sin salir mucho, aunque no hibernan realmente. El resto de osos siguen activos durante el invierno.
Suelen tener de una a dos crías, y estas dependen de la madre hasta el comienzo de su tercer año de vida. Además, las hembras suelen reproducirse por primera vez a los cinco o seis años las hembras. Todos estos factores influyen en el bajo potencial reproductivo de la especie.
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